El autentico guerrero no sigue la senda, abre una para si. No es su deseo, es su naturaleza.
TPF: OtroMundo »03/14/08 17:05
Autor: AOH/Rasczak
Categoria: Noticias, General

Así, sin avisar ni nada y sin pasar por los nueve meses preceptivos, ha nacido The Project Freak: OtroMundo, el blog alternativo a este en que el autor, lejos de desbarrar con absurdeces como las que solía escribir antaño (no creo que a nadie se le haya escapado que hace más de dos meses que aquí no se mueve ni el aire), se dedica a dejar constancia de las historias, relatos y cuentos cortos que escribe cuando le apetece escribir y no son tonterías que intentan ser graciosas.

No digo más, simplemente, si os interesa a los que érais habituales de aquí, sólo tenéis que seguir el enlace y entrar literalmente en OtroMundo. Es de recibo advertir que lo que allí iré dejando no tiene absolutamente nada que ver con lo que hayáis podido leer aquí, ni por forma ni por tema, e incluso algunas personas han dudado que sea la misma mano la que escribe aquello y esto.

Entrad bajo vuestra propia responsabilidad. Jo jo jo.

Se busca bastón barato »12/28/07 12:22
Autor: AOH/Rasczak
Categoria: General

Ayer fue la revisión del traumatólogo que dije ayer. Y ya me queda claro que no voy a hacer mucho más deporte en mi vida. Supongo que cuando me ha dado la noticia, si no se me hubiera quedado la mente en blanco, le habría preguntado eso de “podré volver a tocar el piano?”, pero tampoco sé si habría estado con muchos ánimos.

Ahora con menos coñas que ayer, muchos sabrán, sobre todo los que me tratan en persona, que tengo las rodillas hechas una mierda. Lo que no sabía era hasta qué punto. Después de unos meses de aparente mejoría, por lo visto tengo bien la rótula, pero los cartílagos hechos puré y bastante sin remedio. Tengo que hacerme una resonancia, que además costará una pasta y no es que tenga yo mucho dinero ahora, y un tratamiento de reforzadores del cartílago de choque, a ver si se puede evitar que el problema me llegue al hueso. Si no funciona, el traumatólogo me ha dicho que habrá que ver, pero que las opciones no son especialmente esperanzadoras: se podría intentar algo con cirugía, pero puede que igualmente termine cojeando.

Al final resultará que el cabrón que me dejó por perdido el verano pasado tendrá razón y llegaré a los 30 con bastón.

En fin, no me deseeis suerte, que con la negra que tengo en el tema de la rodilla, es desperdiciarla tontamente.

Actualización

Pues sí, resultaba ser la intentona de inocentada, para variar basada en hechos reales. Sin embargo, y respondiendo a eso del “pre-post” que dice Ginés, diré que la entrada anterior es completamente cierta y el post de la inocentada es sólo una exageración. Fui al trauma y parece que detectó una pequeña lesión (para nada grave) en el cartílago de la rodilla, uno más de los problemillas que tengo en ella.

O sea, inocentada sí, pero basada en hechos reales. Jajaja.

Autor: AOH/Rasczak
Categoria: General

Porque desde pequeñito mi control sobre los miembros motrices inferiores (nótese como no hago referencia alguna al que no es motriz, que se mueve pero no para desplazarse, o sí se desplaza… mira, ya no lo se, tanta historia para no nombras la churra y al final la nombro igual) me ha hecho ganar adeptos entre los traumatólogos de medio mundo.

No ha sido cosa baladí, que cuando no me cascaba en medio del campo, es porque me ocurría alguna incidencia con las pruebas para ver cómo de descogorciadas las tenía, o me acordaba de medio santoral al ver las cosas que me pasan y lo viejuno que estoy.

Y hoy, por enésima vez y decidido a que me vuelvan a sangrar la cartera para decirme lo genial que estoy, por mucho que yo vea las estrellas como se me ocurra bajar un bordillo de un salto, voy al traumatólogo (que no sé ya si es porque se encarga de los traumas o porque cada vez que voy me traumatiza más) a que me cuenten una de chinos nueva, que las de vaqueros ya me las sé.

Deséenme suerte.

PD: Este post es un refrito de otros más antiguos que harían ustedes bien en leer o releer, al estilo de las series americanas, que en cada temporada te hacen un retapadillo de las escenas buenas de toda la serie. Arriericos somos.

Autor: AOH/Rasczak
Categoria: Noticias, General

Como todos los años, ha llegado el momento. Como todos los años, se gesta en el interior de la mente más enferma después del primo rarito de Ed Gein la felicitación de Navidad que anualmente provoca grititos de admiración (en voz baja, para que no se note la cantidad de sonados que hay en el mundo) y alaridos de estupor, pavor, horror y todas las cosas chungas que puedan acabar en -or (esas ya en más volumen, como suele ocurrir en las películas de terror).

Si en años anteriores la cosa ha ido siendo en una escalada de terror para el gordo de rojo, este año puede acabar con una batalla de proporciones épicas… No digo más. En los próximos días, los elegidos recibirán en su correo las típicas Aberrofelicitaciones de Navidad de AOH. Los demás podrán verla pasado un tiempo aquí, donde están ya las de años anteriores (pero cuidado, que yo no me hago cargo de desgracias personales al verlas).

Te cambian la vida »12/6/07 9:37
Autor: AOH/Rasczak
Categoria: General

Basado en hechos reales.

Los siguientes hechos transcurren entre las 10:00 P.M. y las 11:00 P.M. ¡Chun…! ¡Chun…! ¡Chun…! (Aunque parezca una onomatopeya tonta mía, según la serie de donde he copiado eso es el sonido que hacen los segundos al cambiar en un reloj digital, no soy el único que hace ruidos raros…)

Dicen que tener un hijo te cambia la vida. Tener un sobrino te cambia la tapicería.

Y es que lo de tener un sobrino es cojonudo para muchas cosas. Sin ir más lejos, hay una leyenda urbana que dice que si vas con un crío por la calle de la mano, las mujeres te miran con mejores ojos y se liga más; mentira cochina, al que miran es al crío, y la única manera de que te hagan un poco de caso es si el renacuajo todavía no ha aprendido a hablar y tienes que andar traduciéndole o contándole anécdotas sobre él. Reconozcámoslo, el momento álgido en cuanto a atención femenina de un hombre es el bautizo, después es todo cuesta abajo.

Pues andaba yo el otro día con el mío (sobrino, sobrino, aclaremos) más o menos que trasladándolo de un punto A al punto B del mapa (pero no literalmente, o sea, era por carretera, no arrastrándolo por el mapamundi, espero que lo entendáis), por una de esas maravillosas carreteras que nos ha tocado tener por estos lugares. Una carretera… como lo diría, con unas cuestas que ríase usted del Tourmalet, unas curvas que ríase el de más de allá de las tetas de Yola Berrocal y unos baches más profundos que el cociente intelectual de un político.

El caso es que iba el crío como un campeón, aguantando estoicamente como quien no quiere la cosa mirando distraidamente por las ventanillas (al menos por donde se puede ver, ya que los cristales de mi coche son un compuesto único de vidrio, tierra y pulpa de insecto), y yo pensando que qué machote, que si se nota que es de la familia por cómo aguanta con la mierda de carretera que nos ha tocado en suerte. Yo era un tío orgulloso de su sobrino en esos momentos.

Íbamos ya por llano, con la parte infernal de la carretera pasada, cuando de momento el sobrinísimo se transfigura. Como en una película de terror cutre, o un remake al uso, al crío le faltó decir aquello de “has visto lo que hace el perro de tu sobri” para ser igualito igualito que la niña del Exorcista. (Atención, contenido altamente escatológico). Aquello no era un niño, era una manguera de leche pasteurizada y uperisada. Qué potencia oye. De momento el coche se puso blanco por dentro como quien no quiere la cosa. Si la vaca que ríe hubiera muerto en medio del mayor peo de todos los tiempos, no lo pone todo tan blanco.

Un blanco nuclear. Mi coche se había convertido como por ensalmo en un auténtico anuncio de detergentes. Casi me pude imaginar a la señorita esa que viene del futuro enseñando a fregotear el coche y dejarlo como los chorros… Bueno, mentira, lo que me imaginé son estas señoritas pechugonas de las películas que te limpian el parabrisas mientras te estampan su generoso y mojado escote en él. Aunque no estaba yo para aprovechar esas imágenes mentales, porque tenía dos problemas graves: un crío de tres años al que nadie le había explicado que es imposible vomitar eternamente y un coche que en cuestión de momentos iba a necesitar bañarse en todo el ambientador del mundo.

Lo del crío fue sencillo. Como llevaba equipaje no hizo falta más que sacarlo, ponerlo boca abajo hasta que terminara de salir toda la producción anual de la Central Lechera Asturiana, pegarle el cambiazo de la ropa, con un frío que pelaba que hacía con las puertas abiertas… Pensará uno que es cruel cambiar a un crío de ropa cuando hay 10 grados de temperatura, pero era eso, o morir asfixiados todos dentro del coche. ¿Tú que elegirías? Es que hay que ver las cosas con perspectiva, joroñas. El crío suspiró aliviado, yo también, aunque lo más adecuado sería decir que respiramos, porque hacía ya bastante tiempo que aguantábamos la respiración.
Lo del coche tuvo peor arreglo. La solución inicial fue empapar con una toalla del sobrinísimo toda la leche que había quedado en el coche (aproximadamente treintamil millones de hectolitros) y escurrirla fuera, que ya se sabe que la leche entera es cojonuda para las gramíneas, que crecen con los huesos más fuertes, y para el asfalto, que recupera el brillo natural de los dientes. La teoría de quitar la leche así era buena, la práctica fue algo más jodida, porque lo que conseguí fue que se extendiera más y hubiera más extensión olorosa. El asunto me olía mal desde el principio, la verdad. La toalla acabó metida en una bolsa de basura en el maletero, aunque pensé directamente en tirarla, pero como no era mía al final la lancé dentro del maletero (como para dejarla con suavidad, si eso no había quien lo cogiera).

Al final, vistos los materiales de los que disponía, opté por resignarme a llevar todo aquello en el coche y monté al crío y nos fuimos. Por si las moscas, le encasqueté el abrigo gordo y fuimos con las ventanillas bajadas. Anda que no disfrutamos con el airecillo frasquete que venía… Si al del anuncio aquel de “te gusta conducir” le hubiera venido la brisa a siete grados, lo mismo se replanteaba lo de sacar la mano por la ventanilla.

Finalmente, con el sobrino a salvo, apestando pero a salvo, el coche hubo de ser mejor limpiado y pasado horas con las puertas abiertas en la calle. Como nota aclaratoria, nadie intentó robarlo, aunque desde mi punto de vista es comprensible, con lo que apestaba yo mismo le habría dado las llaves al que lo quisiera con tal de no tener que volver a meterme en él. Después de mucho limpiar, airear y aromatizar (lo que faltó fue bombardear con napalm, pero el ejército no nos dejaba una escuadrilla de F18, así que dos piedras), el habitáculo se quedó más o menos apañadito. Lo bueno es que la limpieza fue casi inmediata, y no dejamos que nada dentro de la zona de pasajeros se quedara sucio mucho tiempo, así que se quedó la cosa más o menos bien en poco tiempo, si se hubiera secado todo dentro el olor no se habría ido en la vida.

Sin embargo… nadie recordó una toalla, que oculta y tramando oscuros planes, se encontraba agazapada en las sombras del maletero… del que por supuesto, jamás en la vida se va a ir el maldito olor.