Irse a la mar

Las autoridades sanitarias advierten: post carente de absurdos y de tema folclórico. Pa cagalse…

El otro día una anciana me contó esto, se trata del relato de unas costumbres que había en mi tierra hace no demasiados años pero que se han perdido por completo, me hubiera gustado tener la manera de transcribirlo por completo, pero no lo grabé y sólo puedo intentar contarlo usando sus mismas palabras y tratando de mantenerlo lo más fiel posible.

Con motivo del Día de la Virgen (o mejor dicho, el Día de la Asunción, eso que ocurre todos los 15 de agosto), cuando mi pueblo no era lo que es hoy y cuando las cosas no son como son hoy, había una costumbre bastante interesante, prácticamente todo el pueblo se iba a la playa a pasar unos días en bloque. A eso se le llamaba «irse a la mar».

La gente cogía los bártulos necesarios, se los echaba al hombro o como podían (uno de mis bisabuelos alquilaba una carreta por 5 perras) y se iban andando hasta la playa la mayoría con todo cargado para instalarse (unos 5km de trayecto). Entonces allí montaban casetas hechas con tela de harapos (jarapos en el original), donde pasaban unos 4 días celebrándolo y disfrutando del mar, aunque para ello había que pagarle unas pocas perras a Marina (que no se exactamente cómo se llama en realidad, supongo que será algo de los ministerios, si alguien sabe cómo se llama que me lo diga, porfaplís) para tener derecho (NdA: algo así como se hace ahora para edificar más allá de la línea de costa, pero sin tener que hacerlo de tapadillo). La dirección de las minas (porque mi pueblo, hasta hace pocas décadas ha tenido unas minas de plata y plomo que daba gloria verlas, por lo que contaban ya los fenicios) montaba sus propias casetas, eso sí, en los mejores lugares y a todo lujo, para que los gerifaltes de la empresa también pudieran tener sus días de disfrute.

Había por aquel entonces un tren que solía llevar los materiales de las minas hasta el puerto . En esas fechas se cerraban las minas durante 4 días (días que no se pagaban, claro), así que se quitaban los vagones contenedores y se instalaban vagones de pasajeros (según me han contado, de lo peorcito, pero al menos se tenían sobre las vías). El pasaje de un niño del pueblo a la playa costaba 3 perras, el de un adulto 7 perras. Pero como no todo el mundo podía permitírselo la mayoría simplemente iban a pie.

Lo normal era que después de 3 o 4 días casi todo el mundo volviera a la rutina del pueblo, pero algunos todavía tenían la oportunidad de quedarse hasta el final del mes. En ese caso, muchos hombres tenían que ir y volver de la playa a diario (pijá de antar, tú); como un bisabuelo mío, que subía al trabajo todos los días en el tren de las 6 de la mañana y volvía andando a la noche mientras la familia estaba en la playa.

Bueno, el caso es que es así como se celebraba el Día de la Virgen en mi tierra hace no demasiados años. En solo una generación se ha perdido por completo, no voy a decir que a mí me gustara porque a mí la playa plin, pero perder las tradiciones siempre es una lástima…

2 pensamientos en “Irse a la mar

  1. Idun

    Es cierto que a menudo se pierde la práctica de ciertas tradiciones..Y sí, para que vamos a negarlo, es una pena. Pero en sí misma continúa pululando en conversaciones como aquella.. Y en post como este!

    Besotes Niño_sin_hielo! :)

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  2. flashman

    ¿y la bonita tradición de ahora de darse de codazos para encontrar un sitio en la playa?¿o la de llenarlo todo de botellas de cristal, vasos y refrescos? y además, gracias al ingente tráfico se consigue que en llegar a la playa en coche ahora se tarde lo mismo que antaño andando, con lo que no se mantiene parte de la tradición
    y encima incluso han rescatado el trenecito ese para pasear a la gente(eso sí , de las siete perras pasamos a los tres o cuatro euros, no estoy seguro, vamos, ni que yo me fuera a montar en esa cosa alguna vez)

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